El origen de los montes de socios

 

Los montes de socios tienen su origen, mayoritariamente, en épocas desamortizadoras (1855-1924) cuando el Estado puso a la venta los bienes de las entonces consideradas como manos muertas (clero, ayuntamientos, universidades,...) sometiéndolos a pública subasta.


La mayoría de esos terrenos no eran una buena inversión para potenciales compradores foráneos, ya que su rentabilidad económica iba a ser escasa. Sin embargo, sí eran esenciales para la subsistencia de los pueblos del entorno, dado que desde siempre los vecinos los habían utilizado como pastaderos de los ganados y como fuente de leñas y  maderas. El alimento (carne, leche y miel), el abrigo (lanas, pieles y cueros), la fuente energética principal (leña y carbón) y el acceso a materias primas básicas para la edificación (madera y piedra), estaban en juego en una sociedad rural eminentemente agrícola y ganadera.

 

Fue entonces cuando los vecinos de los pueblos, temerosos de ver desaparecer esos espacios en que venían desarrollando sus actividades principales tuvieron que movilizarse y encontrar dinero suficiente para, entre todos, acceder a las subastas. Se organizaron, e hipotecando para muchos años sus modestas economías familiares, adquirieron los terrenos que sustentaban su forma de vida.
Del mismo modo, se dan casos en los que la compra no fue en las subastas desamortizadoras sino directamente a la nobleza.


A partir de ahí el devenir de estas propiedades es diferente, pero como norma puede decirse que en la mayoría de los casos no se ha producido una actualización registral de la copropiedad, es decir, permanece vigente el asiento practicado en el Registro de la Propiedad hace más de 100 años.